Nace Prosegur Research: el observatorio sobre el presente y futuro de la seguridad global

Publicado en fecha 07-04-2022
Con esta iniciativa Prosegur busca contribuir a la difusión de la cultura de la seguridad desde una visión estratégica y cuenta con un amplio panel de expertos, internos y externos, vinculados a instituciones académicas y científicas. 

En los dos primeros estudios publicados por Prosegur Research se analizan las tendencias en auge y las claves de futuro que están configurando un nuevo entorno global y que impactarán en la percepción y gestión de los riesgos de seguridad. 

El mayor referente global en el sector de la seguridad privada, Prosegur, ha tomado la decisión de generar un espacio de análisis y reflexión sobre el presente y futuro de la seguridad global: Prosegur Research. Con esta iniciativa, la primera multinacional española de seguridad anticipará los retos y oportunidades que determinarán la evolución de la sociedad en los próximos años. 

Prosegur Research aspira a configurarse como un punto de encuentro para todos los profesionales de la seguridad y contribuir a la difusión de la cultura de seguridad. El proyecto contará con el asesoramiento y colaboración de un amplio panel de investigadores y analistas, tanto externos como internos, vinculados a instituciones académicas y científicas de primer nivel.

En palabras de Fernando Abós, director general de Prosegur Security e impulsor de Prosegur Research, “En este contexto de tensión e incertidumbre, especialmente complejo y difuso en materia de seguridad, lanzamos Prosegur Research. Es el momento de crear un foro de reflexión y debate sobre el presente y el futuro de la seguridad. Queremos compartir con la sociedad el conocimiento acumulado en nuestros más de 45 años de actividad y sumar a esta iniciativa a todos aquellos que nos quieran ayudar a adelantarnos a los retos del futuro. Siempre ayudados por la inteligencia y las oportunidades que nos trae la innovación y el progreso tecnológico”.

Desde Prosegur Research se elaborarán informes periódicos que abordarán cuestiones relacionadas con la seguridad desde diversos ámbitos como, por ejemplo, la innovación, la tecnología, el medio ambiente o la criminalidad. Así como el impacto de estas cuestiones en las empresas y en los distintos sectores de actividad económica. 

En su lanzamiento, Prosegur Research ha publicado dos interesantes análisis: “Un mundo diferente: claves de futuro” y “El mundo en 2022” en los que profundiza sobre las principales tendencias y claves de futuro en el ámbito de la seguridad global. 

En ellos, Prosegur Research anticipa diversas tendencias, por un lado, el aumento del desorden social derivado de la extrema polarización existente, la fuerte erosión de la confianza en las instituciones potenciada por las dificultades en la gestión de la pandemia y la intensa frustración provocada por las difíciles circunstancias económicas, sanitarias y sociales vividas durante los años 2020 y 2021. 

Por otro lado, prevé un incremento del crimen organizado y de la gobernanza criminal dada su elevada capacidad de adaptación, la disponibilidad de enormes recursos y del mayor control social de las organizaciones criminales en ciertos territorios aprovechando la crisis. 
En estos dos primeros informes, los analistas de Prosegur Research han establecido las siete claves de futuro que están configurando un nuevo entorno global y que impactarán durante los próximos años en la percepción y gestión de los riesgos de seguridad: el poder difuso, la polarización social, la redefinición del modelo económico, el empoderamiento individual, la convergencia tecnológica, la salud y el bienestar y el medioambiente y la sostenibilidad. 
Poder difuso: la era del desorden
La actualidad está marcada por una extrema competencia geopolítica y geoeconómica, orientada a reescribir el papel que cada actor tendrá en el futuro, y que se plasma en los nuevos conflictos híbridos. Por un lado, se ha quebrado la relación que existía entre poder y legitimidad. 

Por otra parte, la crisis económica y sanitaria, entre otros elementos, y la pérdida global de libertad derivada de las decisiones críticas ante los disruptivos acontecimientos, han potenciado el poder de las autocracias. Como destaca The Economist, la democracia sufrió un retroceso en un 70% de los países a nivel mundial en 2020, con un nuevo deterioro en un 45% de ellos en el último año. 

El poder es difuso y descentralizado, repartido entre actores estatales y no estatales (lobbies, grandes empresas tecnológicas). A un cierto grado de desglobalización física, basada en el deseo de autoprotección, se una la amenaza de fragmentación del mundo en bloques. Las autocracias han aumentado su peso. 

Polarización social: desconfianza y fragmentación
La enorme volatilidad e incertidumbre del mundo actual erosionan la cohesión social y dificultan el consenso, generando una importante fragmentación social. Por ejemplo, a nivel mundial hubo un aumento del 244% en disturbios y manifestaciones antigubernamentales entre 2011 y 2019 (Global Peace Index, 2021). Además, la fatiga pandémica ha puesto de relieve toda una serie de causas estructurales y coyunturales que acentúan las motivaciones tradicionales del sentimiento de protesta, aumentando la percepción de shock sistémico. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional ya ha alertado del incremento de la conflictividad social derivada tanto de los impactos económicos y sociales de la pandemia como del reciente conflicto de Ucrania. 

Economía de Stakeholder: redefiniendo el modelo económico
La crisis financiera de 2008 y los impactos económicos de la COVID-19 han impulsado la búsqueda de nuevos modelos económicos, más inclusivos con todos los actores implicados en la economía, entre ellos la sociedad. El cambio es tal que las empresas dirigidas con Criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, por sus siglas en inglés) están demostrando mejor comportamiento bursátil. 

No obstante, los últimos acontecimientos en el panorama internacional, como la crisis de Ucrania, acentúan los problemas de la cadena de suministro y la inflación a nivel mundial, poniendo en jaque los niveles de recuperación previstos, ralentizando las expectativas de crecimiento y generando otra serie de amenazas como la inseguridad alimentaria. 

Convergencia tecnológica: desarrollo global exponencial
La tecnología contribuirá de forma acelerada a redefinir sectores y a mejorar servicios y productos, así como las capacidades humanas, haciendo posible lo que hasta ahora imposible. Por ejemplo, con el 3G se tardaba 45 minutos en descargar una película en HD, con el 4G se tarda 21 segundos y con el 5G menos tiempo que en leer esta frase (Diamandis y Kotler, 2021). Pero precisamente su potencial disruptivo y de convergencia supone un amplificador de las superficies de ataque, debido al aumento en las velocidades de conexión, el incremento en el manejo de los datos o la menor latencia de respuesta, entre otros factores, lo que está configurando los ciberdelitos en dispositivos móviles, IoT y cloud como uno de los principales vectores de ataque actuales y de los próximos años. 

Además, estamos presenciando una incipiente guerra fría tecnológica con la crisis de microchips y semiconductores: las rivalidades políticas entre potencias están y continuarán provocando retrasos en entregas y el aumento de precios tanto para fabricantes como consumidores. 

Salud y bienestar: nuevas formas de vivir
La pandemia ha propiciado la ampliación del concepto salud física a salud holística, en la que se incluye salud mental, alimentaria y social. Además, según los expertos, “el 70% de los últimos brotes epidémicos tienen su origen en la deforestación y, por tanto, el riesgo de aparición de nuevas pandemias es solo cuestión de tiempo”. Por este motivo, la protección del ecosistema es una cuestión de salud pública e ignorar su conservación supondrá la creación y el crecimiento de mercados criminales que se lucren a este respecto, mediante el tráfico de fauna o de productos sanitarios, entre otros. 

Medioambiente y sostenibilidad: el ecosistema como prioridad
La crisis sanitaria nos ha hecho valorar el ser humano como algo frágil y dependiente del ecosistema en el que vivimos. Además, los desastres naturales tienen un coste de alrededor de 18.000 millones de dólares anuales para los países de ingresos bajos y medianos solo en daños a la infraestructura de transporte y de energía (Banco Mundial, 2021). Los consumidores escogen empresas concienciadas a nivel medioambiental y social, y el 70% lo tiene en cuenta a la hora de elegir una marca. 

Es una cuestión vinculada a la búsqueda de equilibrios entre crecimiento económico, cuidado del medioambiente y bienestar social, que actualmente se materializa en la exigencia -por parte de la mayoría de población- de que las empresas respeten unos criterios mínimos ESG. Nos encontramos ante la última llamada para la sostenibilidad en una década que se presenta como crítica. La tendencia a eventos climáticos extremos y desastres naturales como los incendios forestales, las sequías o las inundaciones supondrán un grave riesgo para las empresas y la ciudadanía en su conjunto en los próximos años.