Reducir la desigualdad para generar oportunidades

Publicado en fecha 09-01-2020

En la última década, la desigualdad se ha convertido en uno de los problemas más complejos y desconcertantes de la economía mundial.

Desigualdad de oportunidades. Desigualdad intergeneracional. Desigualdad entre mujeres y hombres. Y, desde luego, desigualdad del ingreso y la riqueza . Todas estas desigualdades están presentes en nuestras sociedades, y en muchos países, desafortunadamente, están en aumento.

Lo bueno es que contamos con las herramientas para abordar estos problemas, siempre y cuando tengamos la voluntad para hacerlo. Ejecutar estas reformas es difícil desde el punto de vista político, pero los réditos en materia de crecimiento y productividad valen la pena.

Políticas para abordar la desigualdad
Para abordar la desigualdad es necesario replantear el problema. Antes que nada, en lo que se refiere a políticas fiscales y tributación progresiva.

La progresividad de los impuestos es un aspecto fundamental de una política fiscal eficaz. Nuestras investigaciones muestran que en el segmento superior de la distribución del ingreso es posible elevar las tasas marginales de impuesto sin sacrificar el crecimiento económico.

El uso de herramientas digitales en la recaudación de impuestos también puede formar parte de una estrategia integral para estimular los ingreso internos. Al reducir la corrupción se puede mejorar la recaudación y además reforzar la confianza en el gobierno. Y lo que es más importante, estas estrategias permiten generar los recursos necesarios para realizar inversiones que multipliquen las oportunidades para las comunidades y las personas que han estado quedando rezagadas.

La presupuestación con perspectiva de género es otra valiosa herramienta fiscal en la lucha contra la desigualdad. Muchos países reconocen la necesidad de mejorar la igualdad de género y de empoderar a la mujer, pero los gobiernos pueden recurrir a la presupuestación con perspectiva de género para estructurar el gasto y la tributación de manera que den un mayor impulso a la igualdad de género; a su vez, el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral afianza el crecimiento y la estabilidad.

En segundo lugar, las políticas de gasto social revisten cada vez mayor importancia a la hora de combatir la desigualdad. Cuando están bien concebidas, pueden ser fundamentales para mitigar la desigualdad del ingreso y sus efectos negativos en la desigualdad de oportunidades y la cohesión social.

La educación, por ejemplo, prepara a los jóvenes para que cuando sean adultos sean ciudadanos productivos que contribuyen a la sociedad. La atención de la salud no solo salva vidas sino que puede mejorar la calidad de vida. Los programas de pensiones pueden ayudar a preservar la dignidad de las personas en la ancianidad.

La capacidad para incrementar el gasto social también es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un nuevo estudio del FMI muestra que el incremento necesario varía considerablemente entre los países.

Un ejemplo: En ámbitos clave como salud, educación e infraestructura prioritaria, estimamos que las economías de mercados emergentes necesitarán incrementar el gasto todos los años, hasta que se sitúe en alrededor de 4 puntos porcentuales del PIB en 2030. En cambio, en un país en desarrollo de bajo ingreso situado en la media, esa cifra es de 15 puntos porcentuales del PIB.

En tercer lugar, las reformas de la estructura de la economía podrían respaldar aún más la lucha contra la desigualdad al reducir los costos de ajuste, minimizar las disparidades regionales y preparar a los trabajadores para que cubran el creciente número de plazas de trabajo en el sector verde.

Las políticas activas del mercado laboral pueden reforzar las aptitudes de los trabajadores y reducir los períodos de desempleo. Entre esas políticas están la ayuda para la búsqueda de empleo, los programas de capacitación y, en ciertos casos, los seguros salariales.

Al facilitar la movilidad de los trabajadores entre empresas, sectores y regiones se reducen a un mínimo los costos de ajuste y se promueve un rápida reinserción laboral. Las políticas de vivienda, crédito e infraestructura pueden facilitar la movilidad de los trabajadores.

Las políticas e inversiones focalizadas geográficamente pueden complementar las transferencias sociales ya existentes.
Por Kristalina Georgieva